Sin Equipaje

Un aullido procedente de la garganta del mismo diablo aterroriza a todo el pasaje. El viajero del asiento contiguo solo tiene tiempo de ver sus ojos desencajados, antes de que le muerda el brazo hasta el hueso.

“¡Está poseído!”, grita una señora histérica santiguándose, mientras las azafatas piden tranquilidad y el piloto inicia las maniobras para un aterrizaje de emergencia.

El joven convulsiona y recuerda su “equipaje”: de su boca brotan níveos espumarajos de cocaína.

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