Vuela Alto

Se había perdido.

Encontré a la golondrina enzarzada en duelo a muerte con el rosal.

Mis manos la liberaron de su trampa y con devoción cuidé sus heridas. Mas sus alas estaban rotas: nunca podría levantar el vuelo.

Solo cuando volvieron los vientos del norte se iluminaron sus pupilas. Esperó paciente una corriente favorable que la impulsara. Abrió las alas, se dejó arrastrar y se elevó en el cielo.

Adiós, mi vida, adiós. Vuela alto.

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