La Rosaleda

  No era temporada de rosas, pero su delicado perfume parecía brotar de la misma tierra. Caminaban cogidos de la mano, arrastrando los pasos, tratando de alargar el tiempo que les quedaba juntos.

  Él la cogió por la cintura y ella sonrió coqueta. Le susurró algo al oído y se rieron cómplices.

¿Están bonitas las rosas? preguntó ella.

Tan  bonitas  como  la  primera  vez  que  paseamos  por  esta  rosaleda  hace  cuarenta años vio los  ojos, ahora  ciegos, de  su  amada  inundarse  de  recuerdos. Pero  nunca  tan bonitas como tú.

  Se besaron.

  Volvieron a tener veinte años y un amor infinito.

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