La Princesa a Medianoche

Iluminaba la noche una mágica luna de verano.

La princesa dormía con el balcón abierto para aliviar el calor estival.

Una tímida brisa le trajo el eco de unas campanas y los pasos del monstruo acercándose a su lecho.

Sus músculos se tensaron y, de un zarpazo, le arrancó el corazón.

Lo puso bajo la almohada y la doncella se deleitó imaginando qué presente le dejaría su Hada Madrina a cambio de aquella latente víscera.

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