La Manada

La loba le mira nerviosa. Huye en dirección a la colina del Viejo Monasterio, escondiéndose entre los helechos. El cazador sonríe enseñando sus colmillos hambrientos.

“No es a ti a quién busco”.

Le da la espalda y avanza sigiloso, en dirección contraria, para encontrar a su verdadera presa escondida entre las rocas: una nueva camada. Los cachorros le observan curiosos.

El cazador ciego de triunfo no descubre a la feroz jauría hasta que se arrojan sobre él.

La loba regresa junto a su manada y lame a sus cachorros, que juegan a morder los cordones de unas botas de caza.

 

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