Niebla

Cuando Juan salió a correr, la primera niebla del otoño envolvía su ciudad.

Las calles estaban vacías y sonrió. Le gustaba sentir esa soledad y el silencio espeso de la madrugada.

Corrió hasta alcanzar su ruta habitual. Todo parecía diferente entre la niebla: el empedrado, los árboles, el buzón de Correos que no estaba… Se detuvo en la esquina con la respiración entrecortada por el esfuerzo. ¿Dónde estaba?

El suelo tembló y escuchó un gran rugido, pero no vio las luces del camión de la basura. En su lugar, un Diplodocus cruzó ante él, huyendo del Tiranosaurio que lo perseguía.

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