Hombre-Lobo

El hombre-lobo sintió el poder de la manada. Sabía que las tinieblas eran su mejor cómplice.

Salió de la discoteca buscando aire fresco y pudo oler a su presa: mujer joven, sola. La siguió por las calles solitarias. Su instinto depredador le cegó los sentidos.

Se detuvo en seco y la vio alejarse.

“No soy un monstruo”.

Dio la vuelta y se fue a su casa a encerrar a la bestia hasta que pudiera controlarla.

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