El Ascensor (III)

El ascensor llega al quinto piso precedido por el chirrido de cables mal engrasados y el eco de la fricción metálica de las poleas. Se abren las dobles puertas y ahí está: es él.

No puedo creer lo que ven mis ojos y, por su expresión de inmenso espanto, él tampoco.

Es como contemplar mi propio reflejo: idénticas facciones, barba de tres días, el mismo cuerpo, ¡hasta la forma exacta de caminar! Lo único distinto es el pelo. El mío se descuelga de mi cabeza descolorido y sin vida; mientras que mi doble todavía mantiene su cabellera negra, igual a la mía antes de…

¿Antes de qué?

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El Ascensor (II)

El ascensor llega al sexto piso precedido por el chirrido de cables mal engrasados y el eco de la fricción metálica de las poleas. Se abren las dobles puertas y David sube impaciente: llega tarde a la reunión con su cliente más importante. Pulsa el botón del primer piso y contiene la respiración al sentir un pequeño temblor: el ascensor está bajando.

Con un ruido ensordecedor, el ascensor se descuelga, se inclina, araña las paredes del hueco vertical y se detiene dejando un silencio infinito y a David encogido en un rincón con los ojos desencajados. Intenta estirarse para alcanzar el botón rojo de “emergencia”, pero la cabina cede otro poco y David se queda paralizado.

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