Café para Llevar

“¡Uno solo, dos tostadas y un croissant a la plancha!”, gritó Mario a la cocina, mientras preparaba un café con leche muy caliente para llevar y miraba la cristalera de reojo.

 

Unas gotas de lluvia salpicaron el cristal y se le fue impacientando el alma.

Ella llegó con prisa, como todas las mañanas. “Sin azúcar”, dijo Mario y ella le sonrió mientras pagaba y corrió al autobús, bebiéndose el corazón de Mario a pequeños sorbos.

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